viernes, 3 de agosto de 2007

Política & Economía. Barcelona

Barcelona. Economía de la Proximidad (II)

Los barrios y distritos de Barcelona se han caracterizado, a diferencia de otras ciudades como Londres, Milán o ciudades americanas, en mantener en los últimos años la apuesta por la proximidad, en permitir un uso intensivo de tiempo y relaciones personales en un pequeño espacio. Barcelona no es sólo una ciudad para trabajar y tampoco tiene un área únicamente dedicada al ocio o al comercio. La ciudad como espacio geográfico se entiende como un todo complejo, rentable para el pequeño comerciante y agremiado.

La segunda concepción de la ciudad compacta se refiere a su naturaleza sociológica, antropológica. La convivencia en la ciudad de los barrios facilita que se generen sinergias entre las personas que habitan el territorio. En todo caso, habitar un territorio no significa que los estilos de vida confluyan, que pueda derivar en la confianza interpersonal necesaria para tener seguridad y respeto.

En una sociedad diversificada e incluso, por qué no decirlo, individualizada, los estilos de vida son tan variados que resulta complicado sacarle un factor común para todos los barrios. Lo que sí podemos hacer es distinguirla de otros modelos de ciudad basados o bien en la dispersión de la población o en la especialización del espacio:

  1. Proximidad de servicios. La idea de no requerir de desplazamiento para disponer de servicios privados y público, especialmente por obligaciones de salud.
  2. Relación social. En tanto que ciudad densa, la ciudad compacta posibilita mayor contacto, sobretodo entre los que hacen vida de barrio, incluida la actividad laboral.
  3. La disminución de desplazamientos obligados facilita que las personas interactúen, se sientan cómodos en su barrio y con sus vecinos. Es sencillo coincidir en las bibliotecas y mercados de barrio.
  4. La ciudad como expresión de diversidad. En las ciudades dispersas los usos del espacio están basados en la especialización y las características de las personas suelen ser similares: barrios para jóvenes, barrios con viviendas unifamiliares, barrios de población inmigrada.

Obviamente seguir con este modelo de ciudad requiere de una reflexión adicional. No es suficiente con el impulso político en cada distrito, no es suficiente con plantear oportunidades y ceder espacios. Algunos barrios han sido siempre así, eran así antes de pertenecer a Barcelona. Otros barrios han ido asumiendo lo que los barrios de alrededor ya tenían, a partir de la expansión de los gremios medievales que todavía hoy agrupan a los restauradores, comerciantes y otras profesiones.

Tampoco puede olvidarse que un buen planteamiento económico con colaboración público-privada, no garantiza que malas decisiones políticas desemboquen en cambios sustanciales.

Llegado el momento y la demanda de grandes centros comerciales e hipermercados Barcelona decidió no situarlos cerca del centro de la ciudad, factor muy interesante puesto que la fisonomía de la urbe dificulta los desplazamientos pendulares al existir un límite geográfico al sur (el mar) y uno al norte (la montaña). La ciudad ha situado los centros comerciales en los extremos oeste y este, haciendo poco atractivo el uso habitual para aquellos que trabajan y viven en los 6 distritos centrales (los más habitados), puesto que las horas de mayor circulación de dentro hacia fuera coincide con la vuelta a casa de los que viven fuera de Barcelona. Este factor genera indirectamente una demanda de servicios de proximidad exponencialmente superior a las ciudades de varias coronas viales (circunvalaciones de tráfico, tangenciales) y a las ciudades de centro financiero y barrios residenciales.

La segunda decisión es la diversificación de productos comerciales. Mantener comercio de barrio no es sencillo porque los hábitos de consumo son distintos. Los mercados municipales (uno como mínimo por barrio), talleres y bancos se llenan de personas que libran por las mañanas, los supermercados abren sus puertas hasta las 21h. y las tiendas de ropa, perfumería, complementos, viajes y restauración suelen estar repletas después del trabajo (18h hasta poco antes de la hora de cenar) y los fines de semana, cuando nadie desea moverse al centro.

La diversificación del perfil del consumo ha fortalecido en lugar de debilitar el asociacionismo comercial. Se ha generado una sensación fuerte de pertenencia al barrio en el cual se tiene el comercio y a los comercio, a la promoción de la idea básica de “compra producto fresco en la puerta de tu casa”.

Por Andreu Orte

Politologo

Asesor de Consejo Económico y Social de Barcelona